Por fin estoy de fiesta:
Posted on diciembre 23rd, 2011 by henriettaPosted in Un poco de todo | No Comments »
Acabo de empezar mis vacaciones y ya me siento agotada. Read the rest of this entry »
Acabo de empezar mis vacaciones y ya me siento agotada. Read the rest of this entry »
Hacía tiempo, había descubierto este relato de mamá pero pensé que era mejor dejarlo para uno de aquellos gélidos días en que no apetece ni asomar la nariz por la ventana y este día había llegado.
Steve y yo estábamos tumbados en el suelo del jardín, dispuestos a divertirnos un rato con las aventuras de Madeline. Read the rest of this entry »
Steve se levantó inquieto esta mañana. Nada más levantarse vino a mi cama y me despertó con una sorprendente pregunta: “Mamá, ¿qué es una maravilla? Read the rest of this entry »
Era sábado por la mañana. Un día gris amanecía. Miré a Steve dormido en su camita y se me iluminaron los ojos pensando, ¡cómo no!, en el círculo del tiempo. Sería una agradable sorpresa para él despertarle con otra aventura del Diario de Madeline. Read the rest of this entry »
Hace tiempo, cuando mi hijo me preguntó cómo llegar al corazón de una estrella, no se me ocurrió una respuesta mejor que hablarle del círculo del tiempo, que había leído en el Diario de Madeline. Consistía en algo tan simple como dibujar mentalmente un círculo en el suelo, sentarse dentro, cerrar los ojos y empezar el viaje.
Henrietta en el Polo: Read the rest of this entry »
Soy Henrietta Meyer, escritora, suiza, 35 años, soltera, un hijo: Steve. He conseguido dar el paso de abandonar la docencia y dedicarme sólo a escribir desde que descubrí el diario de mi madre.
Y yo que pensaba que me había inventado un relato la mar de original y resulta que me han chivado que aparece en Dr. Who, que no sé ni qué es pero, en fin, que no se me ha ocurrido a mí la primera. Read the rest of this entry »
Era sábado por la mañana. Un día gris amanecía. Henrietta miró a Steve dormido en su cunita y se le iluminaron los ojos pensando, ¡cómo no!, en el círculo del tiempo. Sería una agradable sorpresa para él despertarse en otra época.
Henrietta no lo pensó dos veces; cogió tiernamente entre sus brazos a Steve y empezó a notar como el círculo se abría bajo sus pies.
Todo aparecía cubierto de agua. Sólo a lo lejos se veía una casa que no era realmente tal sino ¡un barco! Parejas de animales salían incesantemente por una estrecha pasarela, bajo un cielo aún nublado, que, sin embargo, no amenazaba más lluvia.
Steve abrió sus ojitos, aún acurrucado entre mis brazos. Pareció adivinar que no estábamos en casa y me miró sonriente apuntando con su dedito a una pareja de ovejas, que descendía, seguida por una pareja de cerditos, una de perros, un gallo y una gallina, una rana, un sapo, dos rinocerontes y dos jirafas. No conseguía ver más allá de un arco iris a lo lejos pero era indudable que estábamos ante el Arca de Noe u otra leyenda semejante.
Años más tarde, Steve dibujaría estas mismas imágenes, que conservaba en su memoria para sorpresa mía y de todos quienes contemplaron su primera exposición, llena de recuerdos inexplicables, producto del círculo del tiempo, que ni con la mejor de las intenciones podía explicar sino que todos creían fruto de una portentosa imaginación.
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