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	<title>A través del espejo</title>
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	<description>Blog literario... y más</description>
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		<title>Otro cuento:</title>
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		<pubDate>Sat, 12 May 2012 07:44:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoy es domingo. Un día realmente especial. Ayer René y yo nos casamos ante la atenta mirada de Steve y unos pocos amigos con los que cenamos en el delicioso restaurante del hotel donde nos encontrábamos, al pie de la montaña. René no tiene hermanos y sus padres fallecieron hace ya tiempo. Hasta ahora yo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy es domingo. Un día realmente especial. Ayer René y yo nos casamos ante la atenta mirada de Steve y unos pocos amigos con los que cenamos en el delicioso restaurante del hotel donde nos encontrábamos, al pie de la montaña. René no tiene hermanos y sus padres fallecieron hace ya tiempo. Hasta ahora yo he sido como su hermana, su madre y él como mi padre, mi mejor amigo, mi hermano&#8230; todo lo que cualquiera puede soñar y a veces no es capaz de reconocer que tiene tan cerca por sentirse un poco como aquel patito feo del cuento.</p>
<p>Como no podía casarme con René sin ser totalmente sincera con él, acabé contándole que yo no tenía tanta imaginación como él sospechaba sino que se trataba de mi madre quien tenía una imaginación realmente portentosa o bien un extraño don que le permitía viajar en el tiempo de modo que todas aquellas historias que había leído y tanto le habían gustado tenían su origen en el Diario de Madeline. </p>
<p>Evidentemente, René no creía nada de lo que le decía, al principio. Sin embargo, al ver el ejemplar del Diario que encontré, tuvo que admitir que yo podía estar en lo cierto. Así que hoy, por primera vez, me he podido levantar, despertar a Steve y ante la atenta mirada de René, empezar el día leyéndole un relato muy especial, que empieza diciendo:      </p>
<p>“A la luz de una vela un hombre, aún joven, estaba leyendo en voz alta, gesticulando como un payaso, que tuviese a un público infantil escuchándolo:</p>
<p>‘Como cada verano, a la Señora Pata le dio por empollar y todas sus amigas del corral estaban deseosas de ver a sus patitos, que siempre eran los más guapos de todos.<br />
Llegó el día en que los patitos comenzaron a abrir los huevos poco a poco y todos se congregaron ante el nido para verles por primera vez.<br />
Uno a uno fueron saliendo hasta seis preciosos patitos, cada uno acompañado por los gritos de alborozo de la Señora Pata y de sus amigas. Tan contentas estaban que tardaron un poco en darse cuenta de que un huevo, el más grande de los siete, aún no se había abierto.<br />
Todos concentraron su atención en el huevo que permanecía intacto, incluso los patitos recién nacidos, esperando ver algún signo de movimiento.<br />
Al poco, el huevo comenzó a romperse y de él salió un sonriente pato, más grande que sus hermanos, pero ¡oh, sorpresa!, muchísimo más feo y desgarbado que los otros seis&#8230;<br />
La Señora Pata se moría de vergüenza por haber tenido un patito tan feísimo y le apartó con el ala mientras prestaba atención a los otros seis.<br />
El patito se quedó tristísimo porque se empezó a dar cuenta de que allí no le querían&#8230;<br />
Pasaron los días y su aspecto no mejoraba, al contrario, empeoraba, pues crecía muy rápido y era flacucho y desgarbado, además de bastante torpe el pobrecito.<br />
Sus hermanos le jugaban pesadas bromas y se reían constantemente de él llamándole feo y torpe.<br />
El patito decidió que debía buscar un lugar donde pudiese encontrar amigos que de verdad le quisieran a pesar de su desastroso aspecto y una mañana muy temprano, antes de que se levantase el granjero, huyó por un agujero del cercado.<br />
Así llegó a otra granja, donde una vieja le recogió y el patito feo creyó que había encontrado un sitio donde por fin le querrían y cuidarían, pero se equivocó también, porque la vieja era mala y sólo quería que el pobre patito le sirviera de primer plato. También se fue de aquí corriendo.<br />
Llegó el invierno y el patito feo casi se muere de hambre pues tuvo que buscar comida entre el hielo y la nieve y tuvo que huir de cazadores que pretendían dispararle.<br />
Al fin llegó la primavera y el patito pasó por un estanque donde encontró las aves más bellas que jamás había visto hasta entonces. Eran elegantes, gráciles y se movían con tanta distinción que se sintió totalmente acomplejado porque él era muy torpe. De todas formas, como no tenía nada que perder se acercó a ellas y les preguntó si podía bañarse también.<br />
Los cisnes, pues eran cisnes las aves que el patito vio en el estanque, le respondieron:<br />
- ¡Claro que sí, eres uno de los nuestros!<br />
A lo que el patito respondió:<br />
-¡No os burléis de mí!. Ya sé que soy feo y desgarbado, pero no deberíais reír por eso&#8230;<br />
- Mira tu reflejo en el estanque -le dijeron ellos- y verás cómo no te mentimos.<br />
El patito se introdujo incrédulo en el agua transparente y lo que vio le dejó maravillado. ¡Durante el largo invierno se había transformado en un precioso cisne!. Aquel patito feo y desgarbado era ahora el cisne más blanco y elegante de todos cuantos había en el estanque.<br />
Así fue como el patito feo se unió a los suyos y vivió feliz para siempre.’</p>
<p>Lloré desconsoladamente recordando a mi madre, que me explicaba este mismo cuento cuando volvía del colegio, triste, porque nadie me entendía. </p>
<p>Aquel hombre joven y apuesto, de mirada soñadora, tenía que ser Hans Christian Andersen. Nunca lo había imaginado así. De hecho, no lo había tratado de imaginar antes. Simplemente, como casi todos los niños, había disfrutado con sus cuentos y especialmente con El Patito feo, supongo como todos los que se han sentido en algún momento diferentes y han anhelado encontrarse acogidos entre semejantes.</p>
<p>En aquel momento debía estar en algún lugar de Dinamarca, en el siglo XIX. La casa en la que vivía el escritor era pobre. Sin embargo, no hacía frío y apenas noté la calidez del hogar cuando desperté junto a Benjamín. Tal vez la emoción no me había dejado sentir el frío invernal”.   </p>
<p>Por primera vez, no tenía que esconderme de René. Había podido leer este bello relato a mis dos hombres. ¿Había forma mejor de empezar el día? </p>
<p>El resto transcurrió entre despedidas de amigos, que habían venido a compartir nuestra felicidad. Entre ellos estaba Jacques, que aprovechó mi invitación a la boda para explicarme que un canal de televisión quería emitir una serie sobre el Diario de Madeline; además, existía la posibilidad de que acabasen haciendo un film de la historia de Madeline y Benjamin. La emisión de la serie coincidiría con la presentación del libro. ¿Qué más podía pedir?</p>
<p>Teníamos por delante una semana de relax en plenas vacaciones navideñas. Las primeras que pasábamos con Steve. Las primeras en que ya no me sentiría como un patito feo, como se había sentido también Madeline, segura de haber madurado lo suficiente como para poder compartir mi vida, mi intimidad y mis miedos con mi querido René.</p>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Apr 2012 09:40:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Son montañas brillantes; luces más ténues sobre una colina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Son montañas brillantes;<span id="more-3151"></span></p>
<p>luces más ténues</p>
<p>sobre una colina.</p>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Apr 2012 09:40:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Cada vez que respiras siento tal placer, energía que llena.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cada vez que respiras<span id="more-3153"></span></p>
<p>siento tal placer,</p>
<p>energía que llena.</p>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Apr 2012 08:52:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Es amor insaciable, como un mundo, que fluye por mis venas. Un apetito voraz, llámale como quieras.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es amor insaciable,<span id="more-3147"></span></p>
<p>como un mundo,</p>
<p>que fluye por mis venas.</p>
<p>Un apetito voraz,</p>
<p>llámale como quieras.</p>
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		<title>Poesia:</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2012 08:52:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Un arroyo de amor. La luz al final; fluir de sentimientos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un arroyo de amor.<span id="more-3149"></span></p>
<p>La luz al final;</p>
<p>fluir de sentimientos.</p>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Mar 2012 17:46:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Paseos bajo el sol en vacaciones. Sueños realizados.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Paseos bajo el sol<span id="more-3144"></span></p>
<p>en vacaciones.</p>
<p>Sueños realizados.</p>
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		<title>Una mirada atrás:</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 15:34:37 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Un poco de todo]]></category>

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		<description><![CDATA[Me despertaba cada mañana más desmotivada: día tras día encerrada en un aula con universitarios que parecían tan interesados por aprender como yo lo habría estado a su edad por convertirme en deportista de élite. Me era difícil entender qué habían estudiado antes. Daba la impresión de que nunca habían oído hablar, por ejemplo, de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me despertaba cada mañana más desmotivada: <span id="more-3142"></span>día tras día encerrada en un aula con universitarios que parecían tan interesados por aprender como yo lo habría estado a su edad por convertirme en deportista de élite. Me era difícil entender qué habían estudiado antes. Daba la impresión de que nunca habían oído hablar, por ejemplo, de la “Bauhaus”. En mi época de estudiante esto habría sido impensable y lejos de sentirme realizada enseñando a universitarios, a menudo tenía la sensación de enfrentarse a adolescentes ignorantes. Lo único que me animaba a acudir a la universidad era la cercanía de una resolución del expediente de adopción. Había conocido a Steve dos años atrás en un centro de acogimiento de menores en Kiev. Entonces ya sabía bien lo que era ser madre en solitario. Lo había vivido en casa desde niña. Y aunque Madeline no podía considerarse una madre convencional, nunca había sentido un vacío por la falta de padre y tener una madre artista había sido una grata experiencia. Nuestra casa siempre olía a pintura y a cualquier hora que llegase siempre estaba mamá. Cuando tuvo que explicar de pequeña a qué se dedicaban mis padres, me pasó algo peculiar. Por primera vez me di cuenta que los niños normalmente tenían padre y madre. Yo apenas sabía nada de mi padre: Benjamín Malcolm. Y mi madre no era una típica mamá que trabajaba en un despacho de 9 a 5, como la mayoría de las otras madres. Ella trabajaba en casa, a todas horas, de día, de noche, fines de semana&#8230; Pero también tenía tiempo libre para mí, suficiente para no haberme sentido nunca diferente. Ahora tenía la convicción de que sería una excelente madre. Por eso cuando vi la cabecita rubia de Steve y sus curiosos y tristes ojos azules supe que el destino nos uniría, que no nos habíamos encontrado por casualidad. Mi intención era trabajar hasta final de curso y entonces pedir una excedencia por varios años. Quería disfrutar de la maternidad. Esperaba la resolución del expediente en un par de meses, como máximo, en junio. Entonces podría ir, por fin, a recoger a Steve de ese horrible lugar. En casa tendría una vida mucho mejor y todo el cariño que le habían negado hasta entonces. Su sonrisa había dejado de ser tan triste desde la segunda vez que le fui a ver, siempre con algún regalo, que pensaba podía gustarle. A Steve se le daba muy bien dibujar. De hecho, lo hacía francamente bien para un niño de sólo 3 años. Apenas podía contener la emoción. Me despertaba, en ocasiones, soñando con él. A René la idea no pareció gustarle mucho al principio. Pero con el tiempo se había acostumbrado a oír a hablar de Steve. Incluso habíamos ido juntos a verle en el último viaje. A Steve pareció gustarle René y a él también el pequeño. Tal vez debería darle una oportunidad a René. A lo mejor a Steve le iría bien tener un padre en casa. ¿Por qué no podría ser René tan bueno con nosotros como mi padre lo había sido con Madeline? Hasta que leí el Diario de mamá, nunca había sospechado que ella había conocido a su hombre perfecto aunque esto no era lo más sorprendente de su Diario. Eran sus viajes en el tiempo lo que me había cautivado y me absorbía y de qué manera. Al punto de querer dejar mi trabajo y dedicarme sólo a escribir sobre el círculo. Cuanto más leía el Diario de mamá, más me convencía de que las personas somos una auténtica caja de sorpresas. Y al fin llegó el esperado día en que tuve toda la documentación necesaria en mis manos para poder ir a recoger a Steve. René no pudo acompañarme. Estábamos a final de curso y no era un buen momento para poder viajar. La alegría mía y de Steve era difícil de resumir en una frase. Me había planteado, en ocasiones, las dificultades que podría suponer para un niño tan pequeño, de apenas tres años, cambiarlo de país: un idioma nuevo; lugares completamente desconocidos&#8230; pero todo pareció ser más fácil de lo que había imaginado. Parecía que nos entendíamos de forma intuitiva y natural. Empezó así el verano más feliz de mi vida. Con Steve en casa; René intentando asumir su nuevo rol y el Diario de Madeline pidiéndome a gritos que empezase a poner en orden todas sus historias.</p>
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		<title>Sigo con Henrietta:</title>
		<link>http://www.atravesdelespejo.org/blog/sigo-con-henrietta.html</link>
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		<pubDate>Sun, 18 Mar 2012 09:44:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Un poco de todo]]></category>

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		<description><![CDATA[A ver si poco a poco voy colgando las últimas peripecias de Henrietta, ni que sea de forma desordenada. De momento, ésta es una de las últimas. A disfrutarla&#8230; ¿Por qué me cuentas bellas historias de amor si no me quieres?:               Era un día frío y gris. Amanecía como cualquier día de invierno, en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A ver si poco a poco voy colgando las últimas peripecias de Henrietta, ni que sea de forma desordenada. <span id="more-3139"></span></p>
<p>De momento, ésta es una de las últimas. A disfrutarla&#8230;</p>
<p><strong>¿Por qué me cuentas bellas historias de amor si no me quieres?:</strong></p>
<p>              Era un día frío y gris. Amanecía como cualquier día de invierno, en la ciudad.</p>
<p>              René había prometido llegar temprano para ir a pasar el fin de semana a la montaña pero igual se había quedado dormido y aún ni se había despertado. Steve seguía durmiendo pero no tardaría en levantarse cuando oliese el aroma del chocolate que iba a preparar.</p>
<p>              Estaba ya en la cocina cuando llegó René visiblemente alterado.</p>
<p>-         Henrietta, me dijo, ¿quién te escribe cosas tan raras?</p>
<p>              Fue entonces cuando me di cuenta que llevaba en la mano unas hojas escritas con una letra de lo más peculiar. Era letra gótica. Habría pasado por la oficina de correos.</p>
<p>-         ¿Cosas raras?, dije yo, mientras cogía la carta y nos besábamos brevemente.</p>
<p>              Casi ni me di cuenta de lo fríos que tenía los labios ni le di las gracias por haber pasado a recoger el correo. Me senté a leer mientras el chocolate hervía inundando la cocina con su agradable olor.</p>
<p>              De repente llegó Steve, sonriente y se abrazó a una pierna de René. Su pantalón de esquiar debía estar tan frío como sus labios porque se separó rápidamente y fue corriendo hacia la cocina donde aún hervía el chocolate. René cogió el recipiente y empezó a servirlo en las tazas preferidas de Steve: tres tazas con smilies, que habíamos comprado en verano.</p>
<p>              La carta parecía escrita por una mujer. No había vuelto a ver aquel tipo de letra desde que en la universidad habíamos estudiado unos manuscritos de la Edad Media. Si peculiar era la escritura, más extraño debía ser el contenido a juzgar por la reacción de Steve.</p>
<p>-         Voy a cambiarme mientras tomáis el chocolate –les dije-. Ya sabéis que a mí no me gusta muy caliente.</p>
<p>              René ni parecía ya acordarse de la carta. Era lo que le solía ocurrir cuando estaba con Steve, como si el mundo se detuviese para él.</p>
<p>              Me acomodé en el sillón, al lado de mi cama. Fuera empezaba a llover.  Ya no quedaba ni rastro de la nevada del día anterior.</p>
<p>              La carta, que no tenía ni remitente ni iba firmada, empezaba diciendo:</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong><em>¿Por qué me cuentas bellas historias de amor si no me quieres?:</em></strong></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              &#8211; ¿Por qué me cuentas bellas historias de amor si no me quieres?</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              &#8211; ¿Puedes repetir lo que creo que he oído?</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              &#8211; ¿Por qué me cuentas bellas historias de amor si no me quieres?</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              - ¿Por qué te cuento historias de amor si no te quiero?</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              Por si no es suficientemente malo despertar el último día de vacaciones sólo me falta que T.A. estuviese averiado. </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              T.A. es mi robot doméstico y, actualmente, mi única compañía. Hace años, en mi último viaje al futuro, descubrí que la humanidad se había extinguido y en lugar de seres humanos, sólo quedaban en la tierra unos extraños androides. Me resultaban familiares. Seguramente los había visto antes en algún lugar, que no conseguía recordar. Con el tiempo pensé que debería haber sido en alguna película porque en cada uno de mis anteriores viajes al futuro, sólo había visto personas, nunca robots.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              Hasta hoy T.A. ha sido lo más parecido a una biblioteca con forma de robot que he visto en mi vida. Un auténtico enamorado de Julio Verne y un maravilloso poeta. Y no me discutirá que es más agradable despertarse escuchando un bello poema que las desagradables noticias matutinas. Creo que sabe de memoria Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la tierra, 20000 leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en 80 días, por lo menos. Aunque alguna vez he llegado a pensar que memoriza todo lo que lee. Pero no es ésta la única función de T.A. Además de ser un auténtico manitas en el hogar, cocina de maravilla, tiene temas de conversación de lo más variado y, menos tener figura humana, diría que es lo más parecido a un Don Juan.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              Sin embargo, algo parece preocuparle últimamente. Está más callado, parece más lento en sus movimientos, ya no me divierte con su picante sentido del humor, parece pensar en algo que está muy lejos, perdido entre recuerdos&#8230;</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              &#8211; ¿Qué te ocurre, TA.?, le pregunto.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              &#8211; Crees que porque soy un robot no tengo sentimientos. Querías un robot sensible y lo soy pero no pareces darte cuenta. Sólo soy un montón de hojalata para ti. Creo que ha llegado el momento de que me devuelvas al futuro, me dice T.A.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              No se qué decir. No se me había ocurrido antes que un robot pudiese sufrir de nostalgia. Me siento sin palabras. ¿Qué le puedo responder? No imaginé que esto pudiese ocurrir. Hace tanto que no viajo al futuro, que ya no recuerdo ni cómo hacerlo. Hace doce años que T.A. vive en mi casa. Durante todo este tiempo no ha salido a la calle. ¿Cómo iba a salir con un robot de hojalata, que es tan alto como yo? </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>              T.A. seguía mirándome como si tampoco supiese qué hacer. De repente, una enorme lágrima empezó a resbalar por encima del acero inoxidable que lo envolvía. Nunca lo había visto llorar. Habíamos reído a carcajadas tantas veces que no había pensado que también podía llorar. Me quedé sin saber qué hacer. T.A. se volvió lentamente y se encerró en su habitación mientras recitaba: “Flores caducas./ Me siento envejecer./ Cerca, el fin.”</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>              Y aquí acababa la extraña carta. Ciertamente el día había empezado de un modo atípico. Decidí vestirme con mi ropa de esquí y volver a la cocina. René y Steve seguían allí, jugando con un barco pirata. Me tomé mi chocolate, mientras René ayudaba a Steve a vestirse para ir a la montaña. Todavía nos quedaban un par de horas en tren y no me faltaría tiempo para pensar en la carta. ¿Sería una historia real o simplemente fruto de alguien con una sublime imaginación?</p>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Mar 2012 10:18:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Sin palabras vacías, y, sin embargo, tan incomunicados.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sin palabras vacías,<span id="more-3137"></span></p>
<p>y, sin embargo,</p>
<p>tan incomunicados.</p>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Mar 2012 15:36:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Poesía]]></category>

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		<description><![CDATA[Hombres, monstruos&#8230; ¡Qué sueño más extraño! Al fin, desperté.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hombres, monstruos&#8230;<span id="more-3123"></span></p>
<p>¡Qué sueño más extraño!</p>
<p>Al fin, desperté.</p>
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