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	<title>A través del espejo &#187; General</title>
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	<description>Blog literario... y más</description>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Feb 2012 23:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Personas tan raras, superficiales, sin ética ni moral.]]></description>
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<p>superficiales,</p>
<p>sin ética ni moral.</p>
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		<title>Charles Dickens:</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Feb 2012 20:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Dickens. Para celebrarlo, estoy leyendo la biografía que escribió Peter Ackroyd. Sin miedo a equivocarme puedo recomendarla. Feliz lectura.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Charles Dickens. Para celebrarlo, estoy leyendo la biografía que escribió Peter Ackroyd. Sin miedo a equivocarme puedo recomendarla. Feliz lectura.</p>
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		<title>Reflexiones post-día de los Santos Inocentes:</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Dec 2011 11:19:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Creería que es hoy el día de los Santos Inocentes de no ser porque fue ayer. La prensa balear de esta mañana abre con la noticia de la imputación de Urdangarín. A día de hoy todos los títulos que pueda tener se han caído estrepitosamente. Yo que no soy ni monárquica ni todo lo contrario [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Creería que es hoy el día de los Santos Inocentes de no ser porque fue ayer.<span id="more-2985"></span></p>
<p>La prensa balear de esta mañana abre con la noticia de la imputación de Urdangarín. A día de hoy todos los títulos que pueda tener se han caído estrepitosamente. Yo que no soy ni monárquica ni todo lo contrario me declaro poco sorprendida por lo que haya hecho o dejado de hacer y enemiga de los juicios paralelos, veremos qué dice la justicia en su momento y lo escribo con minúsculas porque la justicia con mayúsculas, que aprendemos en la facultad no es sino una utopía.</p>
<p>Para alguien que es parte de la imagen pública de un país, suficiente descrédito tiene ya que aguantar. Lo demás será sólo la conclusión de algo que fue o no. Veremos hasta qué punto la consabida costumbre de mentir que tienen algunos ibéricos puede en este caso surtir efecto, o no. De todos modos, no deja de ser una extraña forma de poner fin a un año, como si quisiesen que esto se olvidase con el cambio al 2012&#8230; Continuará.</p>
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		<title>En la Acrópolis de Atenas (revisado):</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Dec 2011 14:53:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Steve y yo estábamos tumbados en el suelo del jardín, dispuestos a divertirnos un rato con las aventuras de Madeline. “El cielo azul parecía oler a polvo”, empezaba diciendo Madeline. Steve se levantó y abrió la boca, asombrado: ¿a polvo? ¿Cómo puede oler el cielo a polvo?, me preguntó. Yo me reí y le conteste: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Steve y yo estábamos tumbados en el suelo del jardín, dispuestos a divertirnos un rato con las aventuras de Madeline. <span id="more-3004"></span>“El cielo azul parecía oler a polvo”, empezaba diciendo Madeline. Steve se levantó y abrió la boca, asombrado: ¿a polvo? ¿Cómo puede oler el cielo a polvo?, me preguntó. Yo me reí y le conteste: ya sabes que mami era muy sutil. Steve pareció conformarse con la respuesta y seguí leyendo: “Estaba, sin duda, en Grecia, junto a lo que parecía ser la Acrópolis de Atenas, seguramente la más bella del mundo antiguo. La Acrópolis era la parte alta de la ciudad, donde estaban los santuarios de las divinidades y refugio de los habitantes de la ciudad en caso de ser atacados por los enemigos Steve apuntaba con su dedito a las majestuosas cariátides, que Madeline había esbozado en su Diario. “Empecé a pasear por entre los edificios: los propileos. A lo lejos, el erecteón, el partenón, el teatro&#8230; Parecía que estaba sola. Me senté mirando la estatua de Atenea, diosa de la sabiduría y la inteligencia, protectora de la ciudad. Sin embargo, de repente, me di cuenta que alguien se acercaba. Era un hombre de mediana estatura, con barba castaña y una larga túnica blanca que le llegaba hasta los pies. Andaba lentamente y posiblemente descalzo, con un pergamino enrollado bajo el brazo. A lo lejos se veían restos de lo que seguramente habían sido hermosos templos como los que teníamos cerca. ¿Serían las ruinas que habían dejado las guerras médicas? El hombrecito se detuvo junto a la estatua de Atenea, hecha de oro y marfil. Por suerte, no podía verme. Miraba atentamente el pergamino de aquel hombre al que tenía tan cerca que casi podría haberlo tocado. ¡Era Fidias! No, no lo había reconocido. De hecho, no tenía la más mínima idea del aspecto que tenía. Sin embargo, los dibujos de los elegantes y exquisitos bajorrelieves y las esculturas, que se veían sobre el pergamino, no dejaban duda alguna. Estábamos pues en el siglo V antes de Cristo.” Steve repitió “Fidias”. Parecía disfrutar con los relatos de Madeline tanto como habría disfrutado cualquier adulto. Bueno, cualquier adulto que pudiese creer que lo que había encontrado era real y no fruto de una mente enferma. Este relato me sirvió de excusa perfecta para hablarle a Steve de la historia de Grecia. Parecía divertirse realmente con este tipo de historias.</p>
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		<title>El diario de Henrietta (revisón):</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Nov 2011 15:02:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[              Soy Henrietta Meyer, escritora, suiza, 35 años, soltera, un hijo: Steve. He conseguido dar el paso de abandonar la docencia y dedicarme sólo a escribir desde que descubrí el diario de mi madre.                 Madeline era extraña, sin llegar a odiar al resto de la humanidad, rehuía el contacto íntimo con cualquiera. De [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>              Soy Henrietta Meyer, escritora, suiza, 35 años, soltera, un hijo: Steve. He conseguido dar el paso de abandonar la docencia y dedicarme sólo a escribir desde que descubrí el diario de mi madre.</p>
<p><span id="more-3013"></span> </p>
<p>              Madeline era extraña, sin llegar a odiar al resto de la humanidad, rehuía el contacto íntimo con cualquiera. De todos modos, ahora me doy cuenta que no la había conocido bien; sólo sabía de su faceta como madre, cariñosa y complaciente, algo adelantada a su tiempo y bastante excéntrica, siempre hablando de extrañas energías, que nos envolvían aunque de forma tan sutil que ni las podíamos percibir.</p>
<p>              Sabía que mi padre era un tal señor Malcolm pero nada más. Ahora he descubierto que Madeline, con tan sólo veinte años, se había enamorado locamente de un excéntrico coleccionista de arte cuarenta años mayor que ella y se había ido a los Estados Unidos donde había vivido entre piezas cotizadas hasta que él falleció. Todavía yo no había nacido. Sola y temerosa de verse despojada de tanta riqueza por la primera familia de Benjamin, que así se llamaba su amante, emprendió su regreso a Suiza, embarazada y sin saber qué ocurriría en su futuro más inmediato.   </p>
<p>              Ahora sabía cómo había fallecido mi padre. Los recortes de periódicos que conservaba en su Diario hablaban de Benjamin Malcolm, “el rey de las subastas en Charing Cross”&#8230; “Ningún coleccionista, ningún museo había logrado antes lo que acababa de conseguir Malcolm –escribía Madeline-. Había sido como hacer un puzzle, sólo que había tardado varios años en completarlo, tantas horas invertidas en llamadas buscando la mejor oportunidad&#8230; Al fin, lo había conseguido; tenía la serie completa: todos los Charing Cross, de Monet, las pinturas más cautivadoras que he visto en mi vida. Con los años aprendí a valorar la pintura como lo hacía Malcolm. Todavía recuerdo aquel artista que me dijo una vez que la pintura impresionista sólo gustaba a los no entendidos en arte&#8230;” Leyendo el diario de mi madre empecé a entender de dónde provenía mi fascinación por la pintura.</p>
<p>              “Los tonos pastel nos trasladaban a un mundo de ensueño: azules, naranjas, rosas, todo un vasto colorido, simplemente irrepetible. Sabía que él se consideraba el hombre más afortunado del mundo. Para mí era fácil entenderlo. Por eso seguía conmigo. Madeline, me decía, nunca hubiera imaginado que encontraría a alguien que compartiría mi pasión por el arte como tú. Fifth Avenue, diciembre, 9, 1973”</p>
<p>              Pero Malcolm murió. “Era jueves en la Quinta Avenida. Ocurrió en un instante; fue todo tan sutil. Su corazón se apagó de puro gozo siendo el más dichoso de todos los hombres. Sin embargo, su llama me acompañará siempre.”, había escrito Madeline el 13 de julio de 1974.</p>
<p>              Y Madeline también falleció. No había sido feliz antes de conocer a Malcolm y tampoco lo fue después de su muerte. Para todos era rara, demasiado inteligente para que la entendiesen los otros niños, fascinada por lo desconocido, lo lejano, todo lo que parecía oculto, las estrellas, la noche, los jarrones chinos&#8230; y las energías sutiles. Ahora conocía su secreto mejor guardado: los viajes en el tiempo y cuanto más leía y releía su Diario más comprendía que ella nunca hubiese hablado de su “talento”, un extraño don que la llevaba a conocer los mayores hitos en la historia de la humanidad.</p>
<p>              Cuando no tendría más de cuatro o cinco años, ya había decidido que tenía que escapar de casa, reconocía Madeline. “Había empezado a caminar pero no había llegado lejos. Cuando estuve junto al puente, comencé a sentir frío. Me di cuenta que se haría de noche y no tenía comida ni una mantita para dormir. Miré hacia casa y pensé lo bien que estaba envuelta en sábanas limpias y ese olor tan agradable que desprendía mamá cuando me besaba antes de acostarme. Empecé a llorar y volví hacia casa. Nadie se había dado cuenta que me había ido”, escribió con su torpe letra de niña, el 21 de junio de 1940. Aquella noche empezó su larga historia de viajes intemporales.</p>
<p>              Con Malcolm sí fue feliz. Por fin, alguien la escuchaba con interés y, como explicaba su Diario, siempre había sido solitaria. Sólo Malcolm parecía entenderla y romper el aislamiento que la acompañó casi siempre. ¿A quién podía explicarle que viajaba en el tiempo cuando le apetecía, como si nada? Sólo a Malcolm, que, lejos de pensar que su querida Madeline estaba loca, escuchaba atento sus andanzas, como hacía Steve ahora conmigo.</p>
<p>              En sus últimos años debió sentirse muy sola. Yo ya no vivía con ella. Incluso dejó de escribir en su querido diario. Nunca me había explicado nada acerca de mi padre. Me costaba creer que hubiese podido encontrar a alguien que traspasase la barrera de su desconfianza. Ahora sabía que la verdadera Madeline ocultaba muchos secretos que quizás sólo su diario conocía. Tenía que intentar averiguar cómo atraer a este círculo del tiempo, que le permitía viajar adelante y atrás con tanta facilidad&#8230; ¿Tendría acaso yo este mismo “don”?</p>
<p>              Anochecía en las calles de Berna mientras el bullicio de los coches empezaba a apagarse. Mañana sería otro día&#8230; Ya había escrito bastante en un solo día.</p>
<p>              Siempre había pensado que había heredado de mi madre el temor a las relaciones -aunque todavía espero encontrar a mi hombre “ideal”, que no necesite convivir conmigo, que no invada mi intimidad ni pida más de lo que estoy dispuesta a darle-. René no parece serlo&#8230; Es algo más que un amigo, un amante, un poco de todo&#8230; Si no fuese por un extraño pánico a las relaciones, hace años que René habría dejado su pequeño apartamento y se habría mudado al centro o habríamos comprado una preciosa casa al pie de las montañas, cerca de un lago.</p>
<p>              Sin embargo, nunca había sospechado que mamá había conocido a su hombre perfecto pero esto no era lo más sorprendente de su Diario. Era el círculo del tiempo lo que me había cautivado y me absorbía y de qué manera. </p>
<p>              Tal vez debería darle una oportunidad a René. A lo mejor a Steve le iría bien tener un padre en casa.</p>
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		<title>En la Acrópolis de Atenas:</title>
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		<pubDate>Sun, 27 Nov 2011 09:40:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Steve y yo aparecimos tumbados en el suelo. El cielo azul parecía oler a polvo. Empecé a palpar a mi alrededor tocando adoquines mientras Steve se levantaba torpemente y abría la boca, asombrado. Me incorporé y vi cuál era el motivo de su sorpresa. Estábamos, sin duda, en Grecia, junto a lo que parecía ser [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Steve y yo aparecimos tumbados en el suelo. <span id="more-2928"></span></p>
<p>El cielo azul parecía oler a polvo. Empecé a palpar a mi alrededor tocando adoquines mientras Steve se levantaba torpemente y abría la boca, asombrado. Me incorporé y vi cuál era el motivo de su sorpresa. Estábamos, sin duda, en Grecia, junto a lo que parecía ser la Acrópolis de Atenas, seguramente la más bella del mundo antiguo. Steve apuntaba con su dedito a las majestuosas cariátides. Empezamos a pasear por entre los edificios: los propileos. A lo lejos, el erecteón, el partenón, el teatro&#8230; Parecía que estábamos solos. Era el momento adecuado para explicarle a Steve la historia de Atenas. Nos sentamos mirando la estatua de Atenea, diosa de la sabiduría y la inteligencia, protectora de la ciudad. Sin embargo, de repente, me di cuenta que alguien se acercaba. Era un hombre de mediana estatura, con barba castaña y una larga túnica blanca que le llegaba hasta los pies. Andaba lentamente y posiblemente descalzo, con un pergamino enrollado bajo el brazo. A lo lejos se veían restos de lo que seguramente habían sido hermosos templos como los que teníamos cerca. ¿Serían las ruinas que habían dejado las guerras médicas? El hombrecito se detuvo junto a la estatua de Atenea, hecha de oro y marfil. Por suerte, no podía vernos ni escucharnos. Steve miraba atentamente el pergamino de aquel hombre al que tenía tan cerca que casi podría haberlo tocado. ¡Era Fidias! No, no o había reconocido. De hecho, no tenía la más mínima idea del aspecto que tenía. Sin embargo, los dibujos de las elegantes y exquisitas esculturas, que se veían sobre el pergamino, no dejaban duda alguna. Steve repitió “Fidias”. Parecía disfrutar con mis explicaciones sobre el estilo dórico en el que estaban construidos los templos que teníamos a nuestro alrededor.</p>
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		<title>Henrietta viaja al futuro:</title>
		<link>http://www.atravesdelespejo.org/blog/henrietta-viaja-al-futuro.html</link>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 09:40:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[              Esta vez algo había salido mal. Con razón no me había atrevido ni a explicar a René mi extraña capacidad y tampoco a invitarle a uno de estos peculiares viajes. Por suerte, Steve se había quedado en esta ocasión durmiendo. Esperaba volver antes de que él se despertase pero nunca se sabe.               No [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>              Esta vez algo había salido mal. Con razón no me había atrevido ni a explicar a René mi extraña capacidad y tampoco a invitarle a uno de estos peculiares viajes. Por suerte, Steve se había quedado en esta ocasión durmiendo. Esperaba volver antes de que él se despertase pero nunca se sabe.<span id="more-2931"></span></p>
<p>              No sería la primera vez en que la hoja del calendario ha avanzado al volver a casa. Por si acaso, Steve ya estaba preparado para desayunar solo e ir a casa de Ann y explicarle que mamá había tenido que salir para entrevistarse con su editor.</p>
<p>              Como decía, algo atípico había ocurrido. El cielo no estaba sobre mi cabeza. Al contrario, una capa oscura parecía cubrirme desde lo alto. Un ruido ensordecedor me hizo taparme los oídos mientras un tranvía volador pasaba a toda velocidad a escasa distancia. No había duda ya que no era de noche, ¡estaba en el futuro!, en algún lugar en el centro de la tierra.</p>
<p>              A mi alrededor grandes carteles móviles anunciaban alimentos concentrados, ¿qué sería aquello? Una especie de rocío caía sobre mi cabeza pero no olía a humedad. Tampoco sabía de qué se trataba. ¿Sería agua potable? El aire parecía pesado.</p>
<p>              No sabía ni dónde ni estaba ni por dónde empezar. No había nadie en aquellas extrañas calles, que presentaban varios niveles, ni vehículos. Sólo casas voladoras con flores de colores horrorosos que colgaban de ventanas con espejos. Las casas eran como transparentes pero tampoco podía ver gran cosa en su interior ya que estaban a elevada altura, más cerca de aquel cielo oscuro que lo cubría todo, que del suelo donde yo me hallaba.</p>
<p>              De repente, un policía que volaba sobre media cáscara de huevo gigante chocó contra mí aunque no pareció percatarse, como si yo fuese transparente, que seguramente lo era, pero un moratón apareció en mi brazo.</p>
<p>              Ni sé cómo caí al suelo con una sensación de pesadez&#8230;</p>
<p>              Steve estaba tirando de mi manga. “Mamá, es hora de desayunar; tengo hambre”.</p>
<p>              Todo parecía haber vuelto a la normalidad. ¿Habría sido un sueño o realmente había visitado el futuro? Mi brazo derecho me dio la respuesta; un grandote moratón llegaba casi hasta el codo. Extraña experiencia ésta, en el futuro donde sí puedes sentir los efectos de haber estado allí, a diferencia de lo que había ocurrido, hasta entonces, en el pasado. Pero estaba claro que el futuro existía y era accesible. Henrietta acababa de comprobarlo. ¿Cómo iba a saber ahora si iba al pasado o al futuro? ¿Y cómo decidir a partir de ahora si viajar con Steve o no? El futuro no parecía un lugar muy seguro a donde viajar pero era evidente que existir, existe.</p>
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		<title>Ensayos para un nuevo curso de escritura:</title>
		<link>http://www.atravesdelespejo.org/blog/ensayos-para-un-nuevo-curso-de-escritura.html</link>
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		<pubDate>Sun, 09 Oct 2011 14:28:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este año Cuento II. A ver qué ideas se me ocurren. De momento, estoy simplemente ensayando para el libro de cuentos que hay que publicar a final de curso y rehaciendo, haciendo&#8230; He aquí otro intento. Soy Henrietta Meyer, escritora, suiza, 35 años, soltera, un hijo: Steve. He conseguido dar el paso de abandonar la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Este año Cuento II. A ver qué ideas se me ocurren. De momento, estoy simplemente ensayando para el libro de cuentos que hay que publicar a final de curso y rehaciendo, haciendo&#8230; He aquí otro intento.<span id="more-2871"></span></p>
<p>Soy Henrietta Meyer, escritora, suiza, 35 años, soltera, un hijo: Steve. He conseguido dar el paso de abandonar la docencia y dedicarme sólo a escribir desde que descubrí el diario de mi madre. Madeline era extraña, sin llegar a odiar al resto de la humanidad, rehuía el contacto íntimo con cualquiera. De todos modos, ahora me doy cuenta que no la había conocido bien; sólo sabía de su faceta como madre, cariñosa y complaciente, algo adelantada a su tiempo y bastante excéntrica, siempre hablando de extrañas energías, que nos envolvían aunque eran tan sutiles que ni las podíamos percibir. Sabía que mi padre era un tal señor Malcolm pero nada más. Ahora he descubierto que Madeline, con tan sólo veinte años se había enamorado locamente de un excéntrico coleccionista de arte cuarenta años mayor que ella y se había ido a los Estados Unidos donde había vivido entre piezas cotizadas hasta que él falleció. Todavía yo no había nacido. Sola y temerosa de verse despojada de tanta riqueza por la primera familia de Benjamin, que así se llamaba su amante, emprendió su regreso a Suiza, embarazada y sin saber qué ocurriría en su futuro más inmediato. Ahora sabía cómo había fallecido mi padre. Los recortes de periódicos que conservaba en su Diario hablaban de Benjamin Malcolm, “el rey de las subastas en Charing Cross”&#8230; Ningún coleccionista, ningún museo había logrado antes lo que acababa de conseguir Malcolm. Había sido como hacer un puzzle, sólo que había tardado varios años en completarlo, tantas horas invertidas en llamadas buscando la mejor oportunidad&#8230; Al fin lo había conseguido; tenía la serie completa: todos los Charing Cross de Monet, las pinturas más cautivadoras que he visto en mi vida. Con los años aprendí a valorar la pintura como lo hacía Malcolm. Todavía recuerdo aquel artista que me dijo una vez que la pintura impresionista sólo gustaba a los no entendidos en arte&#8230; Leyendo el diario de mi madre empecé a entender de dónde provenía mi fascinación por la pintura. Los tonos pastel nos trasladaban a un mundo de ensueño: azules, naranjas, rosas, todo un vasto colorido, simplemente irrepetible. Sabía que él se consideraba el hombre más afortunado del mundo. Para mí era fácil entenderlo. Por eso seguía conmigo. Madeline, me decía, nunca hubiera imaginado que encontraría a alguien que compartiría mi pasión por el arte como tú. Fifth Avenue, diciembre, 9, 1973” Pero Malcolm murió. “Era jueves en la Quinta Avenida. Ocurrió en un instante; fue todo tan sutil. Su corazón se apagó de puro gozo siendo el más dichoso de todos los hombres. Sin embargo, su llama me acompañará siempre.”, había escrito Madeline el 13 de julio de 1974. Y Madeline también falleció. No había sido feliz antes de conocer a Malcolm. Para todos era rara, demasiado inteligente para que la entendiesen los otros niños, fascinada por lo desconocido, lo lejano, todo lo que parecía oculto, las estrellas, la noche y los jarrones chinos&#8230; y las energías sutiles. Cuando no tendría más de cuatro o cinco años, ya había decidido que tenía que escapar de casa. “Había empezado a caminar pero no había llegado lejos. Cuando estuve junto al puente, comencé a sentir frío. Me di cuenta que se haría de noche y no tenía comida ni una mantita para dormir. Miré hacia casa y pensé lo bien que estaba envuelta en sábanas limpias y ese olor tan agradable que desprendía mamá cuando me besaba antes de acostarme. Empecé a llorar y volví hacia casa. Nadie se había dado cuenta que me había ido”, escribió con su torpe letra de niña, el 21 de junio de 1940. Con Malcolm sí fue feliz. Por fin, alguien la escuchaba con interés y, como explicaba su Diario, siempre había sido solitaria. Sólo Malcolm parecía entenderla y romper el aislamiento que la acompañó casi siempre. En sus últimos años debió sentirse muy sola. Yo ya no vivía con ella. Incluso dejó de escribir en su querido diario. Nunca me había explicado nada acerca de mi padre. Me costaba creer que hubiese podido encontrar a alguien que traspasase la barrera de su desconfianza. Ahora sabía que la verdadera Madeline ocultaba muchos secretos que sólo su diario conocía. Tenía que investigar qué sería este círculo del tiempo, que mencionaba a menudo&#8230; Anochecía en las calles de Berna mientras el bullicio de los coches empezaba a apagarse. Mañana sería otro día&#8230; Ya había escrito bastante en un solo día. Siempre había pensado que había heredado de mi madre el temor a las relaciones -aunque todavía espero encontrar a mi hombre “ideal”, que no necesite convivir conmigo, que no invada mi intimidad ni pida más de lo que estoy dispuesta a darle-. René no parece serlo&#8230; Es algo más que un amigo, un amante, un poco de todo&#8230; Si no fuese por un extraño pánico a las relaciones, hace años que René habría dejado su pequeño apartamento y se habría mudado al centro o habríamos comprado una preciosa casa al pie de las montañas, cerca de un lago. Sin embargo, nunca había sospechado que mamá había conocido a su hombre perfecto. Tal vez debería darle una oportunidad a René. A lo mejor a Steve le iría bien tener un padre en casa.</p>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Aug 2011 12:13:54 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Poesías perdidas. Surgen de noche. Las olvidas mañana.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Poesías perdidas.<span id="more-2816"></span></p>
<p>Surgen de noche.</p>
<p>Las olvidas mañana.</p>
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		<title>Poesía:</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Jul 2011 14:41:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>henrietta</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Letras muy intranquilas. ¡Desasosiego! Esperanzas perdidas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Letras muy intranquilas.</p>
<p>¡Desasosiego!</p>
<p>Esperanzas perdidas.</p>
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